La misma sensación de asco al ver un chicle estirado y pegajoso. Innecesaria completamente, la primera entrega supuso un hito en su día, sus secuelas no estuvieron a la altura, pero eran más digeribles que este reboot o como se pueda definir. No encuentra el tono, con ese autohomenaje condenscendiente que se hace de sí misma, difraza de parodia su falta de contenido, las escenas de acción insulsas y tufillo emporedador final forzado. Un sucesión de sin sentidos que le resta credibilidad a su propia fórmula, absurda de ya por sí en esa escala de poder, que intenta ver que a ratos nos encontramos con personajes invencibles y en otro momento a matones a los que aporrear como un saco de boxeo. Para colmo las casi tres horas que dura.
El código base de Pokémon
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Víde explicativo de cómo la optimización llegó a unos niveles absurdos en
la primera generación de Pokémon para que la ya obsoleta Game Boy pudiese
ejecu...

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