Una historia sobre sueños y recuerdos, ya vista en varias películas como, por ejemplo, Olvídate de Mí, Origen, etc., pero con Madrid de fondo y con un trasfondo bastante más serio sobre las relaciones y el duelo enmascarado sobre ese toque infantil que tienen los sueños y su alteración. Visualmente, Vigalondo la clava: Betamax para la realidad, digital cinematográfico para los sueños, un contraste brutal que funciona de maravilla. Pero el guion patina. Cuando la historia necesita afianzarse, se deshace en giros y reglas que van mutando sin lógica, hasta que el propio espectador pierde pie. Especialmente horroroso el doblaje, no entiendo como el elenco de actores españoles no se doblan así mismo.
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Más allá de su origen que se basó en cambiar el color de los sprites del
mismo personaje aquí está la trama de cada uno:

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